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- Los valores compartidos y la franqueza para reconocer nuestras debilidades nos dan la fuerza para enfrentar los nuevos desafíos Buscamos una sociedad amable y solidaria, que otorgue un sentido de pertenencia a cada uno de sus miembros Una sociedad que acepte la diversidad, y la libertad, manteniendo el respeto a los valores comunes y a la responsabilidad social
Debemos fortalecer los valores de nuestra historia, aquellos que nos han hecho una comunidad y que nos permitieron enfrentar con éxito muchos desafíos en el pasado. Ellos son los valores de la convivencia republicana y civilizada que nos han distinguido en el mundo: la conciencia de nuestra dignidad y el valor de las personas, el respeto al orden institucional, la creatividad frente a los obstáculos, la democracia para establecer nuestras prioridades y para resolver nuestros conflictos, la solidaridad frente al dolor y la calidez en la vida diaria. El pleno respeto de los derechos humanos también debe constituirse en parte esencial de nuestra identidad.
Necesitamos que la energía que nos otorgan estos valores se manifieste en nuevas capacidades para enfrentar las tareas del presente, como la desigualdad, la intolerancia y la exclusión, al tiempo que proyectamos la sociedad en los desafíos del mañana, como es el salto al desarrollo en un mundo globalizado, competitivo y exigente.
Mientras existan exclusiones o tengamos una parte de la sociedad viviendo en la pobreza, no podemos sentir que hemos alcanzado una meta común o un sueño compartido. En la sociedad actual hay más diversidad y más demanda por libertad, eso debemos compatibilizarlo con el respeto a los valores comunes y a la responsabilidad social. Aceptar la diversidad es un paso necesario para valorar y querer a Chile. Sólo la honestidad de reconocer lo que somos y hemos sido, nos permitirá emprender tareas más grandes. Porque nuestra propia experiencia nos demuestra que tiene mucho más valor lo que podemos lograr juntos, que la defensa de lo que puede separarnos. Por eso es que tenemos confianza en los valores más permanentes de nuestra alma nacional. Queremos una buena familia para todos. Sin el afecto, la seguridad y la formación que surge de la familia no habrá comunidad fuerte. Pero no podemos cerrar los ojos ante los cambios que ocurren en este ámbito.; nosotros valoramos las distintas formas de constituir las familias. Queremos que todo chileno se desarrolle en el seno de uno de estos espacios de afecto y protección, pues eso nos hará, a la larga, mejores personas. La cohesión social nos da la fuerza para actuar como sociedad, pero ella existe en la medida que se otorgue amparo ante la desprotección. En el mundo actual, la vida social se ha hecho más insegura, especialmente para los grupos más vulnerables de la sociedad como son los niños, las mujeres y los adultos mayores. Debemos construir nuevas formas de protección, de amparo y seguridad. Sin que ello ahogue la innovación y la creatividad. La globalización es un desafío a nuestra integración social, pero no debemos replegarnos, sino profundizar la inserción internacional exitosa que hemos logrado y que debe convertirse en un eficaz medio para el progreso y la integración social. Este salto sólo será posible a partir de la afirmación de nuestra identidad y pertenencia a América Latina. Desde allí construiremos una visión compartida, la que nos permitirá consolidar nuestra interacción política y cultural con el resto del mundo. Somos un país multicultural. Nuestra nación se forjó sobre la base de los pueblos originarios de nuestro territorio. Pese a los traumas y la miopía cultural de algunos a lo largo de nuestra historia, las distintas etnias de nuestro territorio se han mantenido vivas, reafirmando día a día su cultura. Nuestra identidad como nación recoge este legado que nos distingue ante el resto del mundo. Estamos orgullosos de las mujeres y hombres de nuestra tierra. El fortalecimiento de nuestra identidad y capacidad de actuar en conjunto no será el resultado de lo que unos pocos consideren que es bueno o malo entre nosotros. Será la obra que construyamos entre todos. Cuando hemos sido capaces de vivir juntos experiencias significativas, observamos que se afirman los valores y el sentido de nación. Cuando nos reconocemos hijos de una historia, encontramos la fuerza para proyectarnos hacia el futuro.